23 enero 2007

La belleza de los sentidos

La Belleza es lo que mueve a las personas. Es el motor de la creación y de la expansión del universo. Es la esencia de los procesos naturales y tiene infinitas caras. La belleza ligada a los sentidos está basada en el principo del placer sensorial, en definitiva, de reacciones bioquímicas, de la recepción de ondas electromagnéticas y sonoras, de cambios de temperatura y un sin fin de procesos físicos que se convierten en señales y que se procesan en nuestro cerebro. Es por tanto física. Y el cerebro, que es un órnano hedonista pues esa es su función, analiza todas estas señales y las clasifica como agradables, neutras o desagradables atendiendo a este principo de Belleza Sensorial. Pero existe otra belleza real, que no convive en estos medios y que es mucho más difícil de analizar: la Belleza Metafísica. Luego volveré a ésta.
Antes de hablar de la Belleza Sensorial me gustaría analizar los receptores de ésta: los sentidos. El hombre ha desarrollado su capacidad visual hasta límites no conocidos por otros seres vivos. Es la piedra angular de nuestros sentidos y procede de un desarrollo que a través de las eras se ha fraguado en un entorno iluminado por el Sol. Si hubiéramos crecido en un entorno apagado quizás habríamos podido desarrollar una visión en infrarrojos, como los murciélagos, pero sin ausencia de luz nunca habríamos desarrollado el sentido de la vista. Inmersos en este espacio de luz muchos seres vivos han priorizado este sentido sobre los demás. La ventaja de la velocidad de la luz sobre la del sonido o la propagación de los compuestos químicos diluidos en el aire es un factor a tener en cuenta sobre el oido o el olfato. Por supuesto el gusto y el tacto no nos pueden ofrecer información a distancia. La imagen, además, ofrece una información estructural de las cosas. Me explicaré mejor. Cuando visualizamos algo reconocemos la forma de las cosas y el espacio que ocupan. No podemos conocer su composición atómica, cosa que el olfato o el gusto si podrían descubrir; ni la temperatura y viscosidad, como el tacto, pero es más útil por esta función. La visión binocular (2 ojos capaces de mirar un mismo punto en el espacio) de la cuál no somos los únicos agraciados (muchos animales la poseen) nos ha proporcionado una visión en tres dimensiones y un sentido perfecto de la profundidad sin el cual no hubiéramos podido perfeccionar este sentido. La vista es el sentido que más nos pone en contacto con la realidad física de nuestro entorno y es por ello primordial para nuestra supervivencia. Empezamos a caminar a "dos patas" no porque fuera un método para trasladarse más rápido (un chimpance puede correr bastante más rápido a cuatro patas) ni porque quisiéramos alcanzar cotas más altas (como las jirafas lograron con sus largos cuellos). Este fenómeno que se conoce como Bipedestación ayudó a los primates predecesores del hombre a consequir un punto de vista más alto y, por tanto, una mayor capacidad del hombre para analizar su entorno. Somos capaces de analizar la naturaleza visual en formas y colores y de sintetizar estos valores en patrones que memorizamos y podemos rescatar en cualquier momento. Así funcionan todos los sentidos, pero el grado de conocimiento del medio que nos proporciona la vista es muy superior. ¿Porque hay gente que dibuja tan bien? Porque, además de saber ordenar a la mano los movimientos exactos a realizar previamente el cerebro, el dibujante es capaz de descomponer la realidad en geometría y color y de reconocer esos patrones que un mal dibujante no precibiría. Las rapaces son capaces de ver a más distancia, los caballos pueden ver dos imágenes al mismo tiempo en el cerebro y los felinos distinguen mejor en la oscuridad los objetos gracias a la sensibilidad que les ofrecen sus grandes pupilas. Pero ninguno de esos cerebros son capaces de realizar ese análisis tan perspicaz con el que el hombre es capaz de conocer la luz y por ende, a la Belleza Visual. El oído, sin embargo, es más complejo de definir, debido a su naturaleza y función. El hecho de que las moléculas de aire vibren y propaguen este movimiento en forma de sonido a lo largo de grandes distancias ha hecho que este sentido sea fundamental para los seres vivos. Pero sin embargo ¿de qué nos informa el sonido? La vista nos habla de la morfología, color y de su interacción con el tiempo: el movimiento; el olfato y el gusto hablan de la naturaleza química de las cosas y de su cantidad en función de la intensidad con que se perciben; el tacto de la forma también, de la temperatura, de la forma que no podemos ver a ojo: la rugosidad, viscosidad y fluidez de superficies y líquidos. Pero el oído, ¿de qué nos habla? El oido nos habla de la inteacción a la que se someten los cuerpos; choques, fusiones, reacciones, explosiones...Para mí el oído es el sentido más complejo, más desarrollado, más difícil de definir y más maravilloso que tiene el hombre. Yo creo que el oído nos habla directamente al alma, al corazón. La concepción de la realidad física la hemos relevado a la vista. Sin embargo, el oído es el sentido por el que más emoniones y sentimientos se transmiten. La vista es capaz de comunicar estos conceptos, pero no con la prefección del oído. Esto es debido al papel que tiene este sentido como medio de comunicación para muchas especies. Otras como las abejas, sin embargo, se comunican mediante el significado que imprimen a sus movimientos y quizás incluso nosotros mismos en nuestros comienzos usábamos la exprexión corporal como medio preferente para comunicarnos; pero el lenguaje oral admite una riqueza mayor que ninguna otra forma de comunicación y supone un gasto de energía menor. Aún así, el oído es mucho más que lenguaje oral y que sonido: es música. La Naturaleza nos emociona con la belleza de sus sonidos: el crepitar del fuego, el trueno, el romper de las olas en la orilla, el ruido de las hojas de los árboles al mecerse con el viento, el rumor de un arroyuelo. Los pájaros, con su gran inteligencia, han sido los primeros seres vivos en adooptar estos sonidos de la naturaleza componiendo sus hermosas melodias de trinos y gorgojeos. Por no extenderme más dejaré en este punto la disquisición y desarrollaré más adelante en otro capítulo mis pensamientos sobre La Belleza.

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